Úterohospitales

Sabes?

 

Cuando imagino ese algún otro lugar

y pienso en enfermar gravemente

me imagino el hospital como un reposo

un descanso

una parada en la vuelta de rueda

de tuerca

que el sistema neoliberalista

impone a golpe de silencios

de miradas esquivas y abruptos digestivos.

 

Como ese otro lugar donde me siento acompañado,

acariciado    mirado       querido

ayudado cuando lo necesito

Nada de sábanas blancas escuetas y gélidas

de mantas rasposas que no abrigan nada

No. Ese hospital tiene hedor barraconiano

De encierro

 

Entonces pensar en lo que necesitamos

cuando estamos enfermos

Sentirnos cuidados, acompañados, escuchados, comprendidos, ayudados

aliviados

 

Nada de eso existe en los hospitales

(y siento que podría extenderlo a todo el sistema de atención sociosanitaria)

Bueno, existen personas y grupos que acompañan

y que sienten y que pelean

por el poder y por la salud

en una f(r)icción

que no puede suponer asiento saludable

para acolchar el sufrimiento de nadie

sino más miedo y frío, y soledad

Y muerte

 

El hogar

ese hogar que habito y el que imagino habitar

El que habito imaginando que hay otras formas de imaginar y de crear hogar

Ese hogar Tierra que habitamos imaginando

Ese hogar Tierra que imagino cuando imagino ese otro lugar.

No sé si los hospitales tienen algún sentido siquiera

A veces ver la realidad te hace perder el sentido.

 

Buenas noches

 

Ser Profesional: Distancia terapéutica

9lpcy51ofnq-igor-ovsyannykovLa distancia terapéutica óptima es un abrazo

Raúl Velasco

 

Una de las cosas que más siento repetirse en la formación y el trabajo en salud mental, y en general, en toda la profesión sanitaria, es el tema de la distancia terapéutica. Uno puede llegar a creer en la existencia de algo así como técnica, como herramienta, como lugar claro y común desde donde ejercer nuestros roles con profesionalidad.

Claro. No podemos ser del todo personas, ni podemos ser nosotras mismas. Eso dañaría la relación terapéutica y podría provocar grandes problemas: dependencia, pérdida de límites, confusión de roles… Hemos de ejercer un papel, más allá de lo que los encuentros con las personas que atendemos nos puedan producir, más allá de cómo nos sintamos con nuestra vida en ese momento. Tenemos que mantenernos en un lugar, casi aséptico, donde mostrarnos como personas entra dentro de un apartado de la técnica que llamamos autorrevelaciones: “se aconseja que las autorrevelaciones sean poco frecuentes y concisas […]oscilan solamente entre el 1% y el 5% de las intervenciones del terapeuta, en principio más cerca del valor inferior”.

Centrándome en la formación médica, que es de lo que tengo conocimiento directo, queda claro que el interés de la misma parece alejarse diametralmente de los aspectos humanos, interpersonales, afectivos y relacionales de la práctica que luego se llevará a cabo en los espacios sanitarios. Se fabrica así un olvido sistemático de las condiciones sociopolíticas de la salud, que quedan negadas bajo el conocimiento científico, médico, objetivo… del cuerpo humano y su conducta. ¿Cómo es posible?

En mi formación durante 6 años en la carrera de medicina (1996-2003) no existía ninguna asignatura dedicada a la comunicación humana, a los aspectos emocionales de la práctica médica, a las dificultades interpersonales que se producen durante la misma, a las potentes emociones que se ponen en juego durante las situaciones vitales de las personas que después tendremos que acompañar.

A día de hoy sigue sin existir una transformación de la formación en medicina. Nuestros primeros contactos con nuestro “objeto de estudio”, siguen siendo cadáveres. El aspecto emocional y humano de nuestro rol queda ocluido por una ciencia y una técnicas perversas hasta la extenuación. Nuestros corazones, nuestras almas, quedan relegadas a herramientas clínicas para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades.

Una bioética de las palabras sin cuerpos. Esa es la retórica de la deshumanización actual.

Pero no todo está perdido. Podemos volver a acercarnos a la piel. Hay otras formas de estar. De sentir. Ya no es nosotros y ellos. Él y tú. De esto habla Carina en esta charla del Congreso de Intervoice de Alcalá de 2015. Seguimos caminando…

Os dejo con ella:

 

Debatir: Construir en común

Estamos acostumbrados a que el conocimiento nos venga de fuera. “Expertos”, “sabios”, “la ciencia”, “profesionales”, “líderes”, etc., se erigen como fuentes de donde obtener verdades para archivar luego en nuestra memoria y poder reproducir allá donde convenga.

La mayor parte de las veces nuestros saberes están más muertos que vivos y tendemos a reproducir aquello que ha sido absorbido inconscientemente, como por una ósmosis social, al mejor estilo de la hipnopedia en Un mundo feliz.

No estamos acostumbrados a pensar. Y mucho menos a pensar juntos. La mayor parte de las estructuras de formación y aprendizaje en el mundo profesional que represento, están totalmente jerarquizadas: el que sabe y viene a dar, los que no saben y vienen a recibir. Los espacios se presentan siempre asimétricos, en una suerte de pirámide donde los de arriba (pocos) traen su saber a los de abajo (muchos). La pasividad define la escena. La delegación del pensar como representación del aprendizaje y la formación. El abandono del espíritu crítico, tan sólo un casi automático reflejo me gusta-no me gusta más parecido a un cambiar de canal de televisión que a un acto de pensamiento y reflexión.

Esto condiciona a su vez la delegación de los saberes en figuras a las cuales se les reconoce dicho saber y reproduce un sistema de iconos que genera un desapropiamiento del saber de las comunidades y bloquea y desnaturaliza la construcción colectiva de conocimientos prácticos.

En mis experiencias formativas he tenido la suerte de participar en grupos grandes de personas donde las llamadas mentes individuales pueden trabajar de otra forma, donde prima la horizontalidad y la construcción común de pensamiento, y donde los afectos y las emociones, urdimbres de cualquier forma de conocimiento, se van tejiendo para crear una suerte de mente grupal donde redescubrimos las potencialidades de lo colectivo.

Es en este sentido que entiendo el aprendizaje. Proceso de transformación que nos implica por completo, pensamiento y emoción en un cuerpo que está en contacto con otros cuerpos, en un proceso colectivo donde se generan nuevas narrativas y nuevas energías para la acción, que revierten en la realidad del día a día de las personas y los colectivos, en un ciclo vivo y en constante cambio.

Y es en este sentido que he querido abrir este tipo de espacios en el lugar donde vivo. Una apertura de espacios de debate donde el icono, el saber, se presenten solo como un motivo para pensar en común, para compartir el conflicto y la duda. Y a través de esa tensión de la incertidumbre, poder llegar a otros lugares de forma colectiva, sabiendo que las respuestas serán nuevas preguntas donde seguir navegando, pero un poco menos solos.

Aquí os dejo la información, para aquellos de la provincia de Girona y alrededores que podáis estar interesados en participar y aportar vuestra energía para seguir construyendo en común Alternativas en salud (mental).

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Se piensa con las vísceras. Se vive al completo, o solo estamos medio muertos. Como decía Nietzsche, en El viajero y su sombra:

Se es poseedor de opiniones como se es poseedor de peces: en el sentido de que se posee un estanque con peces. Hay que ir de pesca y tener suerte; entonces tenemos nuestros peces, nuestras opiniones. Me refiero aquí a opiniones vivas, a peces vivos. Otros se contentan cuando poseen una colección de fósiles y, en su cerebro, de “convicciones”.