Desmedicalizar: Despsiquiatrizar

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La guía de discontinuación de psicofármacos que nos regalan desde Icarus Project i Freedom Center es un documento fundamental para entender la situación actual del sistema de salud mental y poder analizar la dinámica de poder en la que se encuentran las relaciones entre los actores de la red (usuarios-familias-profesionales/Comunidad).
Es un documento fundamental para usuarios, para familias y sobre todo para profesionales, y dentro de estos, especialmente necesario para psiquiatras. ¿Y esto por qué? Pues porque pone en evidencia lo absurdo de nuestras prácticas y lo reducido de nuestro pensamiento, reducto de poder que mantenemos adaptándonos asalariadamente a las prescripciones de un sistema social antipersonas, e increíblemente, realizando todo esto con buena conciencia de nosotros mismos. Y es en este sentido que es fundamental para los psiquiatras que nos cuestionemos nuestra práctica, para tratar de integrarla en la realidad social en la que participamos.

Desde el mismo momento en que existen personas que libremente deciden no tomar las drogas que les son recetadas por los médicos y quieren buscar otras opciones para tratar de gestionar su salud y sus vidas, es necesario que se gestionen alternativas claras para estos colectivos, con la función doble de seguir atendiendo las necesidades de las personas que viven en la comunidad y de investigar y ampliar las posibilidades de salud de la propia colectividad en sí misma, alejándose de la expertización y la profesionalización.

Las intenciones de la guía son claras: “De alguna manera, discontinuar el uso de drogas psiquiátricas es una cuestión profundamente política”, marcando desde el principio unas bases fundamentales que tendrían que hacerse extensibles a la práctica, y de forma cada vez más urgente (Se necesita otro pensar, y se necesita ya).

Estos principios fundamentales son:

1. Derecho a la autodeterminación: Esta semana me encontré con una persona que no sabia como desengancharse de su psiquiatra, sentía dependencia, miedo, sumisión, rabia… Que existan relaciones como estas es un indicio de la perversión del sistema de salud mental actual. Y señalo, he dicho sistema, no individuos. El individuo es predicado, no sujeto. El sujeto es el grupo, y aquí es desde donde debemos actuar.

2. Derecho a la información: La información que reciben las personas que acuden a los dispositivos de salud mental está totalmente sesgada por un modelo biofarmacológico, intervencionista y con una función de tampón del conflicto social que lleva a una desinformación al respecto de las alternativas que se puedan articular desde otros colectivos, tanto desde el punto de vista epistemológico como práctico. En este sentido es un derecho fundamental vulnerado diariamente por nuestro sistema sanitario y que necesita ser visibilizado y contrarrestado contundentemente.

3. Alternativas reales al tratamiento biomédico. Este es un punto crucial de caras a las necesidades concretas de las personas que entran en contacto con los sistemas sanitarios de salud mental. Las alternativas institucionales (si es que algo así tiene algún sentido en la época actual) brillan por su ausencia, y las personas se ven abocadas a recibir un tratamiento biomédico, mas o menos bañado con adornos psicosociales, rehabilitadores,etc., pero a la postre estructura de mantenimiento del status quo, sin posibilidad de elegir entre otras miradas, otras formas de pensamiento, otras formas de hacer frente al sufrimiento psíquico.

La confusión sociopolítica que existe en relación a las sustancias psicoactivas es muy nociva por varias razones:

– Produce un ocultamiento de las realidades interpersonales y sociales, que pueden quedar depositadas en aparentes conflictos con las “drogas”.

– Declara un estado de opinión de la misma intensidad que una estructura fascista, pero mucho más invisible y, por lo tanto, de más difícil acceso para el análisis, la reflexión y su transformación colectiva. La cosificación de las relaciones que se produce en las instituciones burocratizadas tiene su máxima expresión en el ritual psiquiátrico, que plantea una verticalidad máxima en la cual un individuo supuestamente sano tiene la potestad de controlar la vida de otro supuestamente enfermo, y la prescripción farmacológica es uno de los instrumentos de poder utilizados. Aún a riesgo de parecer exagerado, son claros los aires eugenésicos que se desprenden de la estructura de esta institución llamada salud mental, y no olvidemos la íntima participación del sistema psiquiátrico en el nazismo.
El café, el alcohol y el tabaco, estos dos últimos grandes asesinos legalmente mantenidos. Las drogas de uso experiencial-recreativo: marihuana, estimulantes, alucinógenos, enteógenos, heroína y derivados, etc. Las llamadas plantas mágicas. Y por último las, podríamos llamarlas, biodrogas, medicamentos, psicofármacos, regulados por el sistema sanitario y sus médicos prescriptores. Todas drogas en el mismo sentido del término. Sustancias obtenidas directamente o a través de la manipulación de materia de nuestro entorno que, entrando en nuestro organismo, lo modifican globalmente, obteniendo además una modificación variable en intensidad y cualidad del campo perceptivo-experiencial y social circundante. Separarlas en nuestra mente provoca tabúes, ocultamientos de realidad, que rellenamos con opiniones y voces que no nos pertenecen y que nos impiden relacionarnos más directamente con los otros.

La situación es grave, siempre lo ha sido. Urge la articulación de alternativas. Es necesario un enfrentamiento abierto y contundente con el sistema oficial, continuar con las luchas silenciosas que se crean más acá de las instituciones. Es prioritario devolver el poder a la colectividad y redescubrir su profundo poder sanador. Las drogas forman parte del universo humano, pero han perdido su función integrada dentro de lo colectivo para pasar a ser instrumentos de control y mantenimiento de las estructuras de sometimiento actuales, perversas hasta la extenuación.
El mismo hecho de que exista la necesidad de escribir algo como esto nos obliga a los profesionales a cuestionarnos seriamente nuestras prácticas y a ordenar un alto al fuego a todas las intervenciones y prescripciones. El camino: poder sentarnos todas juntas a hablar de lo que nos traemos entre manos, centrándonos en las emociones y las personas, de mirada a mirada, más allá de los roles y los fantasmas sociales, más allá del salario y las prestaciones, más acá de cada uno de los yoes que somos, aquí, donde reside el nosotros.

2 comentarios en “Desmedicalizar: Despsiquiatrizar

  1. Xavi Garces

    Leer por favor el libro : nutricion optima para la mente. Autor : Patrick Holford . Ediciones Robinbook . A ver si comenzamos a despertar que ya va siendo hora de tanto dormir y estar manipulados . Animo !

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