Farmas : Deformación y perversión profesional

Hace dos días salió una entrada en Primera Vocal sobre las jornadas que se celebrarán mañana en el Gregorio Marañón. No tiene desperdicio.

Entré en el mundo de la salud mental hace casi 13 años. Desde el primer momento, el mundo de los laboratorios y los visitadores médicos ha formado parte de la escena. Escena como teatro, como campo y representación, donde cada actor tenemos un rol y desempeñamos un papel, más o menos aprendido, más o menos consciente.

Desde el principio me resultó extraño y perturbador. Fui a comer invitado en un 2 o 3 ocasiones con representantes de laboratorios, me pagaron en dos ocasiones las prohibitivas inscripciones y los hoteles para dos congresos, supuestamente críticos, uno el famoso Curso anual de Esquizofrenia de Madrid, el otro, el congreso de Controversias en Barcelona, uno de ellos, como parte formativa “obligatoria” en la que fuimos en grupo todos los residentes que estábamos en formación en ese momento (todos, evidentemente financiados por la industria). Me han regalado libros que costaban tranquilamente más de 150 euros.

Veía a mi alrededor como los comerciales campaban a sus anchas por servicios y unidades y “colegueaban” con el personal, entrando en los despachos para concretar los negocios o simplemente para soltar su rollo comercial.

Hasta aquí el pan nuestro de cada día. La “formación” que recae sobre los representantes-insectos infectando nuestros espacios de trabajo, y sobre los congresos patrocinados por la industria, pequeños paréntesis en la asfixiante rutina de trabajo, un spa pagado bajo el disfraz de un evento formativo, un premio por nuestro silencio colusivo y por no cambiar nada de lo que seguimos haciendo a la vuelta en nuestros puestos de trabajo.

Ahora me gustaría explicar alguna cosa que no se suele escuchar porque forma parte de las zonas oscuras, seguro que todavía existentes, dentro de esta profesión:

  • He llegado a ver como se les hacían regalos a personas de cantidades importantes como ordenadores personales y cualquier objeto que pudiera pasar como material de trabajo. Todo esto en un ambiente de normalidad, e incluso de picaresca tan típica de este país de pandereta. Cantidades y flujos descontrolados
  • Y lo más grave de todo, y el objetivo de este pequeño post: conozco personas que han sido invitadas por comerciales de laboratorios no solo a caras cenas y borracheras, sino también a noches de prostitución. Sin palabras.

Todo financiado por la industria. “Disfrutado” por trabajadores de la salud mental que luego se erigen en representantes del bien y del mal, de lo normal y lo patológico, con una soberbia y/o una ignorancia inverosímiles y una ética autocomplaciente.

A pesar de dejar de usar pronto los beneficios de estos comerciales (dejar de ir a congresos, no ir a comidas, etc.) siempre los atendí amablemente porque pensaba que ellos no tenían la culpa como  personas del rol que estaban representando, y mi tendencia anti-conflictiva me evitaba decirles simplemente no porque me hacía sentir mal. Es curioso como la emoción compartida entre los profesionales siempre es “que coñazo, otro representante”, pero rápidamente se atenua por la espera de una recompensa futura en forma de comida, de libro, de congreso, de viaje de placer…

Durante mi residencia no escuché nada sobre conciencia crítica y conflictos de intereses, sobre la importancia de estudios independientes y sobre el riesgo que supone esa inconsciencia para el objetivo de nuestro trabajo, que es cuidar de la salud de la comunidad. Todo eso vino después.

El 1 de agosto de 2014 colgué en mi despacho un cartel de No Gracias y desde entonces ningún representante ha vuelto a entrar en mi despacho. Me sentí liberado. Y desde entonces, ya no sólo soy más consciente del teatro que se produce cada día en nuestros servicios de salud (mental) sino que puedo hablar con más tranquilidad sobre lo que está ocurriendo.

Llega a ser insultante la falta de respecto, la falta de conciencia y la falta de humanidad de la profesión que represento. Durante muchos años me he sentido enfadado y avergonzado. Nunca más. Todavía formo parte del “cuerpo de la clase opresora”, como decía una compañera, pero lo asumo, lo problematizo (no intento taparlo) y lo hago visible. Cuantas más seamos en este camino, más fácil será visibilizar las perversiones del sistema que, como trabajadores, nos hacemos cargo también de perpetuar con nuestros silencios y nuestras obediencias.

Animo a todas y todos a decir No gracias. No nos hace falta. Daña a las personas para las cuales trabajamos. Nos daña a nosotras mismas. Nos daña a todos.

 

3 comentarios en “Farmas : Deformación y perversión profesional

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